Todo se manifiesta en todas partes ante nosotros.
Cuando los límites objetivos se apartan de la visión.
Lo infinitamente pequeño es tan vasto como pueda serlo la inmensidad, cuando se olvidan las condiciones exteriores; lo infinitamente grande es tan pequeño como lo pueda ser lo infinitamente pequeño, cuando los límites objetivos se apartan de la visión.
Lo que es, lo mismo que lo que no es, lo que no es, lo mismo que lo que es.
Cuando este estado de cosas no llega a producirse, no os detengáis. Uno en el todo, todo en el uno.
Si únicamente realizáis esto.
¡No os atormentéis respecto a vuestra imperfección!
El espíritu que cree en esto no está dividido, pues el espíritu que cree es individido.
Por eso las palabras son impotentes, puesto que esto no pertenece ni al pasado, ni al futuro, ni al presente.

No intentéis buscar la verdad, dejad de abrigar opiniones.
No os detengáis en el dualismo, evitadlo con cuidado.
En cuanto establecéis el bien y el mal, surge la confusión y el espíritu se pierde.
La dualidad existe debido al uno, pero no os aferréis ni siquiera a ese uno.
Cuando la unidad del espíritu no es turbada, las diez mil cosas del exterior no pueden ofenderlo.
Cuando de ellas no viene ninguna ofensa, es como si no existieran.
Cuando el espíritu no es turbado, es como si no hubiese espíritu.
El sujeto se calma en cuanto cesa el objeto, el objeto cesa en cuando el sujeto se calma.
El objeto es un objeto para el sujeto, el sujeto es un sujeto para el objeto.
Sabed que la relatividad de los dos reside, en último término, en la unidad del `vacío´.
En la unidad del vacío los dos son uno y cada uno de los dos contiene en sí a las diez mil cosas.
Cuando no se discrimina entre esto y aquello, no puede surgir una visión parcial y preconcebida.
La visión es calmada y de espíritu amplio, en ella nada es fácil y nada es difícil.
Las opiniones parciales son indecisas, cuanto primero se adoptan, más tarde desaparecen.
Al aferrarse a las pasiones se va más allá de los límites justos,
lanzándose con seguridad por el camino equivocado. Cuando volvemos la raíz, ganamos el significado;
Cuando perseguimos los objetos externos, perdemos la razón.
En el instante en que nos iluminamos por dentro,
Atravesamos el vacío de un mundo que nos enfrenta.

El Gran Método es calmo y longánimo,
Para él nada es fácil, nada es arduo;
Los criterios pequeños son irresolutos,
Cuando más se apresuran, más lentamente avanzan.

El apego jamás se mantiene dentro de límites,
Con seguridad se va por el camino equivocado;
Abandónalo, y las cosas siguen sus propios rumbos,
Mientras la Esencia ni se marcha ni permanece,
Obedece a la naturaleza de las cosas y estarás en concordia con el Método,
Calmo, cómodo y libre de molestias;
Mas cuando tus pensamientos están atados, te apartas de la verdad,
Crecen más pesados y torpes, y para nada son sanos.

En su propia mente que crea las ilusiones,
¿No es ésta la máxima contradicción?
Los ignorantes abrigan la idea de sosiego y desasosiego,
Los iluminados no tienen gustos ni disgustos:
Todas las formas de dualismo
Son urdidas por los ignorantes mismos.

El fin último de las cosas donde no pueden ir más adelante
No está ligado por normas ni medidas;
En la Mente armoniosa (con el Método) tenemos el principio de la identidad,
En el que hallamos que todos los esfuerzos se aquietan;
Las dudas e irresoluciones están completamente desechadas,
Y se fortalece la fe correcta;
Nada se deja detrás, Nada se retiene,
Todo es vacío, lúcido, y auto-iluminador;
No hay ejercicio, ni derroche de energía...
Esto es donde el pensamiento nunca llega,
Esto es lo que la imaginación no logra medir.
v Los sabios de los diez sectores
Entrarán todos en esta Razón Absoluta.

Esta Razón Absoluta está más allá (del tiempo)
Que se apresura y (del espacio) que se extiende,
Para ella un instante es diez mil años;
Véasela o no,
Se manifiesta por doquier en la totalidad de los diez sectores.

Las cosas infinitamente pequeñas son tan enormes
Como las cosas enormes pueden serlo,
Pues aquí no subsisten condiciones externas;
Las cosas infinitamente enormes son tan pequeñas
Como las cosas pequeñas pueden serlo,
Pues aquí los límites objetivos no se consideran.
Lo que es lo mismo como lo que no lo es,
Lo que no lo es, es lo mismo que lo que es:
Donde este estado de cosas no logra subsistir,
Ciertamente, no hay que detenerse allí.

Uno en Todo, Todo en Uno...
Si sólo se comprendiese esto,
¡No te preocuparías más por no ser perfecto!

Donde la Mente y cada mente creyente no están divididas,
Y donde están sin dividir cada mente creyente y la Mente,
En donde las palabras fallan;
Pues no es del pasado, del presente ni del futuro.

Hsin: la mente-corazón

Seng Tsan, Tercer Patriarca del Zen, siglo VII
Manual de Budismo Zen
D.T.Suzuki

 

 

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